La aventura de cerrar o privatizar la UASD

16 febrero, 2017 3104 0

Por; Dr. Carlos Julio Féliz Vidal

En la actual coyuntura que vive la UASD, muchas voces han apostado a su cierre o privatización, pero quienes así piensan, se olvidan que la UASD es un reflejo del país. Cerrar o privatizar la UASD es una aventura, porque la UASD no es sólo una universidad, en ella se expresa la esencia misma de la dominicanidad y se conjugan las metas y aspiraciones de de millones de personas.

Si cerramos la UASD deberíamos cerrar el país. Los males que afectan la sociedad dominicana se reflejen en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, donde existe un sistema democrático que se ha venido corrompiendo progresivamente, que condiciona el acceso al poder en base al uso injustificado de recursos económicos.

No es concebible que para ser diputado, senador o rector de la UASD, un candidato gaste decenas de millones de pesos, cantidad de dinero que no ganará con los sueldos que percibe, y que los partidos gobernantes puedan generar déficits fiscales para agenciar recursos para sostener sus propias candidaturas a las altas magistraturas del Estado, proceso electoral tras proceso electoral, sin ninguna consecuencia.

La UASD necesita replantearse su papel en la sociedad dominicana, de esto no cabe la menor duda, como también tiene que replantearse el futuro mismo de la democracia dominicana, fundada en un clientelismo avasallante, que no prioriza el gasto social, para satisfacer las apetencias de funcionarios y grupos enquistados en el poder.

El cambio en la UASD no puede obedecer a fuerzas externas, de esto ocurrir se estaría sacrificando su autonomía. El cambio en la UASD tiene que ser el fruto de un consenso entre sus principales actores y debe iniciarse con un vuelco al sistema de elección de sus autoridades, con una racional limitación al poder que se coloca en manos del rector de turno.

Un Rector es un gerente de procesos, pero en la UASD se han tenido rectores que se comportan como políticos ordinarios, que utilizan los recursos para satisfacer a los grupos que financian sus campañas electorales, de ahí que abulten las nóminas, como hace el Gobierno dominicano.

Los maestros de la UASD eligen a sus autoridades, conforman el claustro, máximo órgano deliberativo de la universidad, sin embargo, la gran mayoría desconoce que este poder se puede utilizar genuinamente, para transformar, en el sentido más revolucionario, la alta casa de estudio.

La reforma de la UASD no puede ligarse a la vocación de privatización que anima a muchos dirigentes políticos y empresariales de la República Dominicana.

La actual coyuntura que vive la más emblemática casa de estudios superiores del país es preocupante, porque en ella están haciendo juego común amigos y enemigos, movidos por una situación transitoria que la propia universidad no ha tenido la capacidad de manejar adecuadamente y, que, de continuar el rumbo al que se orienta, podría dar al traste con la autonomía, conducir en la práctica a una privatización y de paso convertirse en el más duro golpe a los cientos de miles de dominicanos, que en el futuro propugnen por cursar educación universitaria de calidad y a un costo accesible.

La privatización no ha resuelto los problemas eléctricos, condujo al fracaso de CORDE, al dispendio del CEA, y de producirse en la UASD, encarecerá el costo de la educación universitaria.

El Gobierno ha venido progresivamente trabajando la privatización de la UASD, colocando enormes recursos públicos en manos de las universidades privadas, dando becas completas a miles de estudiantes para que dejen la UASD y se inscriban en centros universitarios ligados a estamentos políticos y empresariales del País.

En el propio texto de la Constitución del 2010 se abrió la puerta para cercenar el espacio bien ganado de la UASD en el espectro de la educación pública, al disponerse que “el Estado financiará los centros y universidades públicas”. Nótese el plural muy consciente que se utiliza en el artículo 68.7 de la Constitución.

La financiación que hace el Estado a la educación universitaria en los centros privados, viola el artículo 68. 7 de la Constitución, porque el Estado constitucionalmente sólo está llamado a financiar la educación superior pública y hasta dónde se sabe, la única universidad pública del país es la UASD.

La pretensión de crear otra universidad pública, paralela a la UASD, existe en estamentos gubernamentales, al propio tiempo que hay apostadores que invierten a favor de la prolongación de una crisis que conduzca a un caos que justifique cambiar el modelo de universidad pública, abierta, democrática y plural, por una con una gestión centralizada, cuyas autoridades no sean electas, sino designadas por los empresarios que terminarían manejando la matricula estudiantil.

Un nuevo modelo universitario que desconozca que el propio Estado dominicano se encamina a una crisis financiera marcada por un inmanejable déficit público, con una tendencia al desastre que vive Puerto Rico, porque el servicio para pagar los intereses y capital de la deuda pública está mermando la capacidad financiera del Estado, especialmente después que para mantener un crecimiento ficticio de la economía se respondió a la crisis financiera internacional del 2008, con un programa de endeudamiento externo y un aumento el gasto público, especialmente en periodos electorales, lo que ha generado continuos déficits fiscales, estaría llamado a tener dificultades.
Los rectores de la UASD han reproducido este modelo de déficit fiscal, emulando al Gobierno dominicano, con la diferencia de que el Gobierno premia a sus funcionarios corruptos y la UASD sacrifica el salario digno de sus servidores.
Sanear la UASD es técnicamente posible, es mucho más fácil que reencauzar el Gobierno, sólo hace falta retomar el idea central que orienta una universidad pública, para dirigirla atendiendo a sus ejes centrales, poniéndola al servicio del estudiantado, dignificando al personal que funge como docente y como servidor universitario, ejerciendo pertinaz y transparentemente el manejo de los fondos limitados que aporta el Estado y creando fondos propios mediante la explotación racional de sus múltiples recursos.
Esto se logra con una reorientación de su plataforma de servicios, con una gestión que racionalice los recursos, que se haga metas concretas de mejoría de los procesos, que no pierda de vista que la UASD, si bien trasciende en su misión la idea de ganancias y pérdidas, debe ser económicamente estable, académicamente eficiente y filosóficamente critica, y que tiene el deber insoslayable de brindar al país los profesionales que se requieran para seguir transformando la estructuras sociales del pueblo dominicano.
Repensar la UASD para adecuarla al siglo XXI, dotándola de una plataforma informática que facilite el acceso estudiantil a las materias sin contratiempo, que proporcione el confort de los espacio académicos para alumnos y maestro, salarios dignos para los servidores, docencia, investigación y extensión puntuales que contribuyan al pensamiento crítico de los egresados, no es privatizar la UASD.

Todo esto puede hacerse al amparo de una filosofía que ha permitido que esta Institución perviva a lo largo de centurias, colocándose a partir de 1966 en la expresión más vanguardista del desarrollo nacional, formando médicos, agrónomos, maestros, abogados, ingenieros, políticos, comunicadores, entre otros tantos profesionales, que transformaron con sus saberes las estructuras en las que descansaba el pueblo dominicano.

La UASD produjo, a partir del movimiento renovador, una movilización social sin precedentes en el país, llenó de esperanza a las familias al facilitar el acceso, sin discriminación a las aulas universitarias.
La UASD es el patrimonio más valioso del pueblo dominicano, antecede a la creación misma del Estado. La UASD debe preservarse para las futuras generaciones, ella no debe sacrificarse para dar pasos a intereses particulares. Los amigos de la UASD saben que sin autonomía, esta academia no podrá jugar su misión de contribuir a formar profesionales críticos.

Los enemigos de la UASD, si la hacen sucumbir, deben saber que tras sus actos se puede envalentonar un pueblo que ha visto por generaciones a este centro de estudio como la chispa que enciende la movilidad social y que ante el fracaso evidente de muchos de los programas de privatización encaminados por el Estado, incluyendo la salud ciudadana, ese mismo pueblo que tiene en cada familia, por lo menos un uasdiano, habrá de increparse y exigir, el respeto inequívoco al fuero y a la autonomía universitaria.

El autor es uno de los tantos egresados y profesor de la UASD

Autor

Redacción
Redacción

Periodismo Objetivo. info@lascalientesdelsur.net

Sin Comentarios

    Sea el primero en Comentar